viernes, 14 de enero de 2011

es

Es el sabor a leche
con café de termo,
junto al fuego,
en el poyo.

Es el cotidie de amanecer
temprano, y arrancar,
rascar el frío del cristal
y dejar el pijama.

Es el sonido a cintas
de cassette en el coche
por las noches,
por los sueños -de niño grande-.

Es el calor de la tierra
mojada por el hielo
del invierno en el pueblo,
y de los pastores.

Es la libertad de a mediodía
con cocido a repetir,
con ideas que compartir,
con miserias que eludir.

Es la llamada a ladridos
del perro que llegó
del monte abandonado,
de jauría desheredado.

Es la simpatía de la risa
de los niños con las bicis,
con los bichos por el suelo,
con los bolsillos llenos de caramelos.

Es el resplandor de los rayos
que se esconden tras los pinos,
a las cinco y poco
dejando larga la luna.
 
Es el olor a paginas
viejas de libros por leer,
de letras que atender,
de viajes que emprender.

Es tocar el gotelé
frío desde la almohada,
suave aunque rugoso,
como un mapa.

2 comentarios:

Laia dijo...

Es tuyo? Me ha encantado. De todas las estrofas, me quedo con esta, tal vez porque es la que más se acerca a mí:

Es el olor a paginas
viejas de libros por leer,
de letras que atender,
de viajes que emprender.

D. Perucha dijo...

Sí, y precisamente lo escribí anoche después de pasar todas las páginas de un libro que estoy utilizando para un trabajo, de esas que están amarillentas ya, por delante de la nariz y respirar hondo. Y esta fue la primera estrofa.

Cuando sale sale.